• septiembre 26, 2021

Ni los Juegos Olímpicos pueden salvar a los refugiados: Opinión


The Washington Post


Opinión de Jefferson Díaz

Jefferson Díaz es periodista venezolano especializado en cubrir temas migratorios.

Después de su derrota en los Juegos Olímpicos Tokio 2020, Eldric Sella, boxeador olímpico, refugiado y venezolano, le dirigió una palabra al país donde nació: disculpa. Disculpas a un país del cual huyó en 2018 por la terrible crisis humanitaria que atraviesa, para embarcar rumbo a Trinidad y Tobago. Eldric fue reconocido como refugiado por una isla que al principio lo recibió sin miramientos, que le brindó un camino hacia su regularización, y que ahora le dice que no podrá regresar. Hoy, Eldric no tiene un país al cual llamar hogar, y ante eso tal vez son otros los que deberían pedir disculpas.

El Comité Olímpico Internacional le otorgó una beca para formar parte del Equipo Olímpico de Refugiados, y yo solo puedo imaginar la adrenalina, la emoción y el futuro que se dibujó en los ojos de Eldric cuando desfiló por el Estadio Olímpico de Tokio durante la ceremonia de inauguración. También imagino la otra cara de esa emoción, de esa adrenalina: la nostalgia y la tristeza de ser el primer latinoamericano en formar parte de ese equipo, primer venezolano en desfilar con una delegación enmarcada por la lucha constante.

Nuestra región ha atravesado momentos difíciles: guerras civiles que azotaron a países de América Central —y uno de los motivos del nacimiento de la Declaración de Cartagena en 1984 para ampliar la protección de los refugiados a nivel mundial—, el conflicto armado que azotó a Colombia o la migración de los cubanos hacia Estados Unidos en balsas a través del mar Caribe. Pero, entre todo lo que hemos pasado y conseguido, las trabas permanecen intactas para aquellos que migran buscando un espacio más seguro, no solo para sobrevivir, sino también para resaltar.

No me malinterpreten: es un honor. Para Eldric es un honor. Para nosotros es un honor. Pero también, el boxeador tenía claro lo que se jugaba al viajar a unos Juegos Olímpicos desde una región donde los refugiados no tienen garantizados sus derechos ni su estabilidad. Trinidad y Tobago le dijo a Eldric que no regresara, que a la isla ya no podía entrar sin importar su estatus de refugiado.

El motivo, según argumenta el padre de Eldric, Edward Sella, en base a lo que le han dicho las autoridades trinitarias, es que su pasaporte venezolano está vencido y el gobierno de la isla no tiene un documento válido para darle una visa de entrada. Los venezolanos requerimos de visa para entrar a Trinidad y Tobago desde 2019. Y ahora el Alto Comisionado para las Naciones Unidas de los Refugiados (Acnur) le está buscando otro país para establecerse.

Orlando Viera-Blanco, embajador de Venezuela en Canadá, anunció en su cuenta oficial de Twitter que le solicitó a Acnur que active los protocolos necesarios para que el boxeador sea recibido en ese país.

Y así, Eldric se abre camino ante una historia que se repite, lamentablemente, muchas veces. La burocracia y la falta de políticas públicas coherentes en países de América Latina y el Caribe para recibir e integrar a los migrantes y refugiados venezolanos son el pan de cada día con el que deben sortear estas personas para poder sobrevivir.

En la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V) tenemos algunos números que nos dan certeza de esa supervivencia. Colombia, Perú, Chile y Ecuador (los cuatro países con mayor cantidad de migrantes venezolanos en América Latina), tenían en conjunto 568,300 solicitudes pendientes de la condición de refugiado para venezolanos hasta el 31 de diciembre de 2020. De todas esas solicitudes, solo 3,795 se formalizaron, es decir, menos de 1% del total. En Trinidad y Tobago, de las 16,700 solicitudes de refugio para venezolanos, solo se aprobaron 2,800, poco menos de 17%.

Las matemáticas son lúgubres y están aliñadas con la dificultad para obtener un pasaporte venezolano, o por los recovecos que existen para poder estar regularizados en los países de acogida. Por ejemplo, en Ecuador, cualquier extranjero debe pasar entre seis meses y dos años para poder naturalizarse, sin importar si cumplió previamente con una estancia regular en el país con cualquier tipo de visa o si fue reconocido como refugiado.

Eldric sigue a la espera de un país que lo reciba. De un nuevo hogar. Con el orgullo de haber participado en unos Juegos Olímpicos donde su compatriota Yulimar Rojas rompió un récord olímpico y un récord mundial en salto triple, y se convirtió en la primera venezolana en ganar una medalla de oro. Pero también, en unos Juegos Olímpicos donde las filas de asilados y refugiados aumentaron: la atleta Kristsina Tsimanuskaia de Bielorrusia pidió asilo desde Tokio por temor a ser encarcelada en su país después de criticar al comité olímpico bielorruso.

Otra persona que deberá sortear los obstáculos del proceso para refugiados y desplazados. Si existieran olimpiadas para eso, tendríamos 82.4 millones de medallas de oro aseguradas en el mundo.

Fuente: https://www.washingtonpost.com