Vecinos de tres localidades participan en comités de agua, reciben formación técnica y desarrollan iniciativas ambientales mediante el proyecto Agua para la Vida. Las obras de potabilización buscan beneficiar a más de 20.000 personas.


Redacción Venezuela Adentro
31 de octubre de 2026

En tres comunidades del estado Sucre, vecinos que durante años han enfrentado dificultades para acceder al agua potable comenzaron a organizarse para participar directamente en la gestión de este servicio esencial. La experiencia forma parte del proyecto Agua para la Vida, una iniciativa que combina infraestructura, capacitación técnica y participación ciudadana.

Las localidades involucradas son San Antonio de Irapa, Antonio Guzmán Blanco y El Lirio de Guayacán. Allí se han constituido comités comunitarios encargados de preparar la administración y el mantenimiento de los sistemas de agua, mientras avanzan las obras de instalación de plantas potabilizadoras.

El proyecto es desarrollado por la organización internacional COOPI, en colaboración con la organización venezolana CEDISUC y con el apoyo de la Unión Europea.

Los informes difundidos por COOPI en junio de 2026 documentan resultados concretos en organización vecinal y formación, aunque todavía no confirman la entrada en funcionamiento de todas las instalaciones previstas.

Tres comunidades con una necesidad compartida

La disponibilidad irregular de agua, las dificultades para garantizar su calidad y los gastos derivados de conseguirla mediante fuentes alternativas han formado parte de la vida cotidiana de numerosas familias de estas localidades.

Frente a esa situación, Agua para la Vida propone una intervención que no se limita a construir instalaciones. También busca que los propios habitantes dispongan de conocimientos y mecanismos de organización para participar en su funcionamiento futuro.

De acuerdo con COOPI, las plantas potabilizadoras proyectadas tienen como objetivo mejorar el acceso al agua segura para más de 20.000 personas.

En su actualización del 8 de junio, la organización indicó que las instalaciones se encontraban en la fase final de montaje. Una segunda publicación, fechada el 16 de junio, señaló que las obras previstas estaban próximas a completarse.

Estas comunicaciones describen avances, pero no permiten afirmar que las tres plantas ya estuvieran suministrando agua potable de manera regular a toda la población beneficiaria.

Los vecinos aprenden a administrar los sistemas

Uno de los resultados más importantes es la creación de tres comités comunitarios de agua, uno por cada localidad participante.

Según COOPI, los comités ya estaban operativos en junio y cada uno contaba con un plan estratégico validado para orientar las actividades relacionadas con la gestión del agua, el saneamiento y la higiene.

Los participantes recibieron formación sobre mantenimiento de redes, principios de hidráulica, reparación de sistemas y planificación comunitaria.

Orestes, un vecino de 43 años que participa en uno de los comités, explicó a COOPI que se incorporó después de una convocatoria abierta y aprendió a comprender el funcionamiento de los sistemas hidráulicos, preparar planes de acción y atender situaciones que afectan a su comunidad.

Esta capacitación busca reducir la dependencia exclusiva de intervenciones externas para resolver problemas cotidianos de operación y mantenimiento.

No obstante, la capacidad de gestión comunitaria deberá complementarse con recursos, asistencia técnica y condiciones adecuadas para garantizar la sostenibilidad de las instalaciones.

Las mujeres tienen un papel destacado

La participación femenina constituye otro elemento relevante del proyecto.

COOPI informó que el 87 % de las presidencias de los comités participantes corresponde a mujeres, una proporción que refleja su presencia en los espacios de coordinación y toma de decisiones.

La iniciativa incorpora actividades para fortalecer las capacidades de los habitantes, compartir responsabilidades y promover la participación en asuntos relacionados con servicios esenciales.

Entre las participantes se encuentra Tamara, de 57 años, quien relató a la organización que la experiencia le permitió adquirir nuevos conocimientos y comprender mejor la importancia de anticiparse a los problemas.

Su testimonio destaca que la comunidad no se limita a esperar una solución externa, sino que interviene en la planificación de las medidas necesarias para mejorar el acceso al agua.

El reciclaje también forma parte del proyecto

Agua para la Vida incluye un componente ambiental relacionado con el manejo de los residuos sólidos.

Las comunidades realizaron diagnósticos sobre la generación y disposición de desechos, además de participar en actividades de formación sobre separación y reciclaje de materiales.

Entre los materiales abordados se encuentran el plástico, el vidrio y los metales, cuyo aprovechamiento puede contribuir a disminuir la acumulación de residuos.

La propuesta también explora oportunidades para recuperar valor económico de algunos materiales mediante prácticas asociadas con la economía circular.

Sin embargo, los informes consultados no presentan cifras de ingresos obtenidos por las comunidades a partir de estas actividades. Por ello, se trata de una posibilidad de desarrollo y no de un beneficio económico ya demostrado.

Un modelo que necesita continuidad

La experiencia de estas tres localidades muestra que la participación ciudadana puede comenzar antes de que una obra de infraestructura entre en funcionamiento.

La existencia de comités, planes de gestión y personas capacitadas constituye un avance organizativo verificable. El siguiente desafío consiste en convertir esas capacidades en servicios de agua seguros, continuos y sostenibles.

Para evaluar el resultado completo del proyecto será necesario confirmar la puesta en marcha de las plantas, la calidad del agua suministrada, la continuidad del servicio y las condiciones de mantenimiento.

La importancia de este seguimiento es mayor en un estado que durante 2026 ha enfrentado dificultades adicionales de abastecimiento. En septiembre, la Organización Panamericana de la Salud informó sobre acciones preventivas en comunidades de Sucre afectadas por una emergencia hídrica, aunque esa intervención corresponde a otro programa y no debe confundirse con Agua para la Vida.

La experiencia de San Antonio de Irapa, Antonio Guzmán Blanco y El Lirio de Guayacán deja una enseñanza: las soluciones comunitarias requieren tanto infraestructura como organización, conocimientos y participación sostenida.

En estas localidades, los resultados documentados hasta junio muestran que los vecinos ya han comenzado a construir esa capacidad colectiva. La confirmación del funcionamiento de las plantas permitirá determinar hasta qué punto ese esfuerzo se traduce en una mejora estable del suministro de agua potable.

Fuentes referenciales

COOPI — Comunidades de Sucre mejor preparadas para gestionar el agua y el ambiente, 16 de junio de 2026

COOPI — En Sucre el derecho al agua toma forma, 8 de junio de 2026

Organización Panamericana de la Salud — Abordaje sanitario de comunidades afectadas por la crisis hídrica en Sucre, 4 de septiembre de 2026